La Ruta de Pepín

7 septiembre 2009

Es nuestra tercera jornada en Asturias y… ¡ha amanecido  un día radiante!!!

Pepín

Pepín

Empezamos nuestra jornada con la Ruta de Pepín (Queso, sidra y cultura popular, como él la define en su tríptico), en el pueblo de Sirviella, situado entre Benia de Onís y Cangas de Onís. Acudimos, pues a ”La Torraya”, su casa y lugar desde el que empieza la ruta.

Se suponía que teníamos que haber llegado a las 11.oo, pero nos hemos retrasado. Pilar, la monitora encargada de la ruta infantil nos está esperando, por lo que este año comparto la primera parte de la ruta con las niñas y los niños. De manera muy didáctica nos explica cosas como que las libélulas ponen sus huevos en el río, de ellos salen unos insectos muy voraces, que crecen rápido y que posteriormente se agarra a alguna pared, o a un árbol, y salen de la ‘carcasa’ que recubre su cuerpo, para posteriormente abandonarla y salir convertidas ya en las libélulas que conocemos.

Nos muestra también huellas de los animales que viven en los alrededores y nos explica distintos aspectos de la vida de los mismos.

La madre de Pepín

La madre de Pepín

Poco después, salimos al paso del grupo que acompaña a Pepín. Se trata de una persona sencilla, a la que le encanta Asturias, su cultura, su gastronomía, sus costumbres, y eso se transmite en sus explicaciones y en la forma de contestar a las preguntas que le vamos haciendo. “Yo siempre he tenido claro que quería vivir aquí, tener bichos (como él llama a los animales)”, nos cuenta. 

Cabaña de pastor

Cabaña de pastor

Junto a él entramos en una típica casa de pastor de las montañas, vamos a su lagar, nos explica cómo se produce la sidra fresca, el modo de conservarla, el procedimiento para escanciarla, cómo y cuándo se bebe, cuándo se bebe, los diferentes tipos de sidra que existen; qué son los hórreos, para qué se utilizan; cuáles son los sectores económicos más importantes en Asturias, cómo es su paisaje, tipos de árboles que hay en los alrededores de Sirviella; qué animales hay, cómo viven, qué comen, cómo identificar sus huellas. Es decir, un sinfín de cosas. 

Escanciando la sidra

Escanciando la sidra

 

 

 

 

Nos unimos posteriormente a las niñas y niños que en ese momento se encuentran alimentado a los distintos animales (caballos, gallinas, ovejas, ¡y al perro con rastas!), para finalmente compartir una espicha tradicional asturiana.

 Sin duda una bonita experiencia. La próxima vez que vengamos a Asturias repetiremos. Seguro.

 Para información y reservas: 985 844 137 / 608 784 763

http://www.latorraya.com/

latorraya@latorraya.com

Desde Sirviella, nos hemos dirigido hacia Corao, un pueblo cercano, en cuyo molino hemos comprado harina de maíz para hacer tortos de pastor. Su propietaria nos ha mostrado el molino, y hemos tenido la suerte de ver una ternera de tan solo 3 días.

 Ha sido una bonita jornada.


Por la Asturias Oriental (II)

6 septiembre 2009

Montar a caballo

Hoy el día ha despertado vestido de niebla. Desde nuestra ventana observamos las nubes: algunas situadas arriba, en el cielo; pero, sorprendentemente, otras bastante más abajo que donde se halla situada la Montaña Mágica.

Rutas a caballo. El Bosque

Rutas a caballo. El Bosque

 

Nuestra primera actividad de hoy: montar a caballo. Para ello nos hemos dirigido a El Bosque, en la playa de Barro (Llanes), frente al camping Sorraos. Allí nos hemos encontrado con Revoltosa, la yegua blanca, con Indio, Rubita, y así hasta aproximadamente una docena de yeguas y caballos, acompañados por sus propietarios, Ana y Juan. Resulta encantador poder pasear sobre estos tranquilos animales, por el pueblo así como por caminos de montaña.

Yo he montado a Rubita, que se empeñaba en parar a comer cuando le venía en gana e ignoraba mis instrucciones continuamente. De repente ha empezado a trotar, cuando ha visto que el resto de caballos y jinetes estaban a bastantes metros, pero… la verdad es que ha resultado divertido. Tanto que repetiremos otros días.

 Datos de interés:

  • Se pueden realizar paseos de 20’ (8 euros) o de 1 hora (16 euros).
  • Teléfono de contacto: 639 464 879

 Comer en Casa Morán

Fabada asturiana

Fabada asturiana

No se puede visitar esta zona y no ir, al menos un día, a comer a Casa Morán (Telf. 985 844 006), un restaurante en Benia de Onís. De primero la elección es fácil: fabada, pote asturiano o arroz. Imponente, seguro. De segundo, también a elegir entre tres platos, dos de los cuales suelen ser de pescado. De postre, milhojas, arroz con leche, cuajada.

 Precio: unos 10 euros por menú.

 Cangas de Onís

Puente romano de Cangas de Onís

Puente romano de Cangas de Onís

Con el estómago bien lleno (demasiado), nos dirigimos hacia Cangas de Onís, donde pasaremos la tarde contemplando su puente romano, que data del siglo XIII, y recorriendo las múltiples tiendas repletas de ingredientes para preparar la fabada asturiana, los diversos quesos elaborados en Asturias, sidra fresca (con el escanciador) y camisetas con dibujos celtas.


Asturias Oriental

4 septiembre 2009
CUADERNO DE BITÁCORA DE UN VIAJE POR LA ASTURIAS ORIENTAL Estas vacaciones las he dedicado a viajar por Asturias, sobre todo por su parte oriental. En los próximos días iré describiendo aquellos lugares que me parecen más destacables, de los que he visitado. Espero que os gusten. Empezaré por el lugar en el que nos alojamos: la Montaña Mágica.

 

La Montaña Mágica

Llegar a Asturias y, sobre todo, llegar a la Montaña Mágica, es una sensación indescriptible. Para quienes no estamos acostumbradas/os a los paisajes tan exuberantes, la diversidad de tonalidades de verde en el paisaje, mezclados con los cielos ahora nubosos, ahora azules, la pequeñas iglesias románicas que salpican el paisaje (¿o estaban en Cantabria??), el silencio, las vacas, las ovejas y los caballos, los cuervos, ¡los Picos de Europa!… hacen de este lugar del norte de la península un lugar idílico para pasar unos días.

El paisaje desde mi ventana

El paisaje desde mi ventana

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué es la Montaña Mágica?

La Montaña Mágica es una quintana reconstruida siguiendo las pautas de la arquitectura tradicional, siendo utilizada en la actualidad como casa rural y como granja. Se encuentra situada muy cerca de la aldea de Allende, en lo alto de la montaña, rodeada de hermosas arboledas, verdes extensiones de terreno, balidos de ovejas, mugidos de vacas y correteos de unos bellos animales, los caballos asturcones, especie criada por estos alrededores.

El día de nuestra primera jornada de viaje, llegamos a la Montaña Mágica aproximadamente, las ocho de la tarde. Llueve, con esa lluvia fina, tan diferente de los aguaceros repentinos y con fuerte carácter a los que estamos acostumbrados en el territorio valenciano. Cruzamos el puente románico, primer indicio de que estamos muy cerca de nuestro destino.

Vacas paciendo cerca de la Montaña Mágica

Vacas paciendo cerca de la Montaña Mágica

¡Cómo no!, a continuación nos encontramos con las vacas que pacen tranquilamente, contrastando su color con el verde del paisaje. Resulta casi imposible no detenerse para admirarlas de cerca, muy de cerca. 

 

Proseguimos nuestro camino iniciando la ascensión por el sinuoso camino, y remarco lo de ‘sinuoso’, que nos llevará hasta el que será nuestro alojamiento durante los siguientes días. De repente aparece ante nuestra vista: la Montaña Mágica. Y realmente lo parece. Recortada contra el cielo, envuelta en niebla. Con sus tejados, con su hórreo.

 

Nuestra habitación, la 8, una de las abuhardilladas. Una maravilla, a pesar de tener que subir las maletas hasta lo alto de la casa. Lo mejor, la vista desde su ventana. Realmente vale la pena madrugar para ver amanecer sentada en uno de los sillones que se encuentran junto a ella.

La Montaña Mágica

La Montaña Mágica

Sobre la mesa una sorpresa: un libro titulado “La Montaña Mágica”, en la cual su autor, José Ignacio Gracia Noriega, narra las leyendas que en el Concejo existen. Hoy cenaremos pronto, pues la jornada ha sido larga. Cómo no, en nuestro menú incluiremos alguno de los platos típicos del concejo: escalopines al cabrales regados con sidra fresca. Es un buen final para una buena jornada.

Más información: http://www.lamontanamagica.es/


Mohorte, del pasado al presente

21 agosto 2009

CasasMohorte es un pequeño pueblo situado en un cerro, cerca, muy cerca, a tan sólo 7 km de Cuenca. En lo alto del cerro, las ruinas del castillo. Sus calles sin asfaltar, sus casas en ruinas, el colorido de sus campos de girasoles, el sonido de las cigarras, el vuelo de las golondrinas, los rebaños de ovejas, los bosques que lo rodean, las torcas (con y sin agua), nos hacen percibir un sabor a antaño que nos transporta a otra época.

 Allí compartimos unos días con Ceferino y su familia.

 Ceferino nació en Mohorte, como sus hermanos y sus hermanas. A él le fue asignada la tarea de cuidar del rebaño, y ya ‘de muy chico’, como él dice, se subía al monte a dormir junto a las ovejas. Eran inviernos de mucho frío, inviernos duros, como lo son ahora, pero antes sin las comodidades de ahora.

 Un día decidieron emigrar, como otras familias en Mohorte. Como la mayoría de su población. Emigrar para buscar nuevas oportunidades, un clima más benigno, pueblos o ciudades con más recursos, con más servicios.

Pero ahora, con la época estival, al igual que hacen otras familias, vuelven al pueblo. Hace unos años construyeron una pequeña casa sobre aquella en la que antes habían vivido con sus padres, y durante el verano conviven aquí tres generaciones.

Con Ceferino recorremos el pueblo. No hay tiendas, no hay farmacia. El pan lo traen de otro pueblo. La médico viene un día a la semana. Unas horas. Pero sí hay otras cosas. Hay gallinas. Hay ovejas. Hay girasoles. Me comentan que otros años se ven caballos, yeguas, potros, ¡y hasta ciervos! Pero como este año no hay mucha agua… Pero sí hay paja. Y tierra, tierra rojiza. Y ríos. Y casas, casas en ruina. Muros. Y el castillo. ¡Y estrellas! ¡Miles y miles de estrellas! ¡¡Impresionante!!! Jamás había visto tantas estrellas, ni noches tan oscuras. ¡Y el camino de Santiago que forman las estrellas!  Y encanto. Mucho encanto. Encanto del pueblo y encanto de sus gentes.

 Girasol

Cuando me ven con la cámara trajinando arriba y abajo les oigo decir: “ya ves, le gusta lo antiguo” o “¿quién será?”, “¿alguien de alguna consejería?, ¿de turismo?, ¿de medioambiente?”. Me sonrío. Bajo. Les sonrío y hablamos. Aquí el tiempo es diferente. Ni he mirado el reloj en los días que llevo aquí. Se habla del calor, de lo que vamos a comer, a cenar. De si nos vamos a ver las torcas. Que a ver si cuando refresque un poco subimos andando al castillo, y si no pedimos las llaves para entrar a ver la pequeña iglesia.

Los pocos hogares que hay son autosuficientes. Tienen carne de pollo, de los pollos criados por ellos mismos. También huevos. Tomates (¡que saben a verdadero tomate!, ¡que huelen a tomate!), sandías, pimientos. Aún se hace la matanza del cerdo (del ‘gorrino’, me dice Antonia, la mujer de Ceferino). Fabrican el jabón que necesitan, utilizando el ‘pringue’ que les queda en la orza, una vez se acaban los chorizos o las longanizas que elaboraron con la carne de la matanza del cerdo.

Aquí los niños y las niñas, cuando vienen en verano, recorren el pueblo en pandilla. A veces a pie, a veces con las bicicletas. Se van y sus padres y madres se despreocupan de ellos por un rato. Es un pueblo tranquilo, apenas hay coches y los que hay van despacio. Saben que aquí se vive a otro ritmo. Se trabaja, se pasea, se habla.

Una vecina trae una mata de guindillas. Los hombres se han ido de buena mañana a cazar. Si traen alguna pieza, mañana habrá guiso para comer.

Es curioso, aquí la gente envejece más. La piel muestra surcos por la edad. El aire es seco. Las mujeres se preocupan menos por la estética que en la ciudad.

Ceferino vuelve de dar un paseo por el pueblo. Nos trae ramilletes de espliego: ¡cómo huelen!, ¡qué maravilla para nuestros sentidos!

 Mañana ya nos vamos. Dejaremos atrás Mohorte, sus calles, su gente. Mañana dejaremos Mohorte, pero tal vez, hasta el verano que viene.


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