Especialmente dedicada a Marina, Berta y Alberto, que me acompañaron en este viaje.
Fez, la más antigua de las ciudades marroquíes imperiales, combina en sus calles una sociedad y una forma de entender la vida, donde se entremezclan costumbres, formas de producción y maneras de entender el poder propias de hace cinco siglos; con nuevas tecnologías, propias del siglo XXI, como las antenas parabólicas que invaden las azoteas de la ciudad.

Vista de Fez
Pero entrar en Fez, y especialmente en su Medina, es como internarse en un mercado en plena Edad Media. En ella nos sorprenden sus vivos colores, sus contrastes de luces y sombras; sus fuertes olores a especias, a carne, a pieles de animales; y sus profundos sabores que inundan nuestros paladares con cualquiera de sus exquisitos manjares. Dulces de almendra, miel y canela; té de múltiples sabores, siempre impregnados de hierbabuena; cuscús con cordero, pasas, calabaza. En esta entrada me gustaría ser capaz de transmitiros todas estas sensaciones, aunque siendo sincera, no sé si lo lograré, pues ¿cómo podríais percibir esos aromas?, ¿cómo recordar esos sabores si de antemano no los habéis percibido? ¿Cómo añorar el caminar por las callejuelas inundadas de múltiples colores? ¿su bullicio incesante? ¿el permanente quehacer de sus gentes ancladas en otra época? Trataré de hacerlo siendo consciente desde el principio de que es imposible.
Cuando te acercas a la Medina, lo primero que encuentras es Bab Boujloud, la Puerta Azul, que te hace sentir como si en el cuento de Aladín te encontráses. Al trapasarla, como si de magia se tratase, accedes a otra época, otro mundo, otras gentes que con sus grandes ojos oscuros te miran, bien con curiosidad, bien con indiferencia.

Cuando te introduces en pleno corazón de la Medina, compruebas que al igual que en la Edad Media, los comercios de este gran mercado se distribuyen por gremios. En primer lugar encontramos los relacionados con la alimentación: carne, aceitunas, dátiles, especias, entre otros muchos comercios, todos ellos situados en minúsculos habitáculos de unos dos metros cuadrados, en la mayoría de los casos con poca luz, pero iluminados por tonos anaranjados, marrones, verdes.
Sorprendentes las carnicerías. Sorprendentes por lo diferentes respecto a las actuales carnicerías europeas. Sorprendentes por los enormes animales colgando de garfios, por el rojo de la carne, por la cantidad de carne que está sobre el mostrador.

Carnicería
Sorprendentes las aceitunas, ¡¡de múltiples variedades!!, de múltiples tamaños, sabores, de increíbles tonalidades de verde, adobadas con diferentes especias. Y… un radiocasete y una silla que permiten recordar que, efectivamente, estamos en el año 2010.

Aceitunas
Y los dátiles, las pasas, ¡¡y porciones de queso de “La vaca que ríe”!! Contrasta el tamaño de la tiendecita con la cantidad de productos expuestos, que atraen tu vista al pasar por la callejuela que será de, aproximadamente, un metro de ancho. ¡Es imposible no mirar!, y cuesta realmente esfuerzo no coger una aceituna, un dátil… ir saboreando lo que mis ojos no pueden dejar de mirar, saltando de una tienda a otra, de un estante a otro, de una bandeja a otra.

Dátiles
Las especias. ¿Qué sería de la comida marroquí sin sus especias? ¿Podéis imaginar lo que es entrar en esta tienda? Miles de olores picantes, salados, fuertes, suaves… llegan a tu nariz, te hacen percibir todo un mundo de sensaciones olfativas (canela, pimienta, gengibre, curri, pimentón…). Seleccionamos varias de estas especias y el vendedor nos las pone en bolsitas de plástico. Ya en casa, al llegar, abrí la mochila de viaje y de nuevo este mundo de olores explotó ante mi nariz, llevándome de nuevo en la imaginación a esta tiendecita, pequeña de tamaño, pero grande en productos.

Especias
¿Y el precio? Aquí no hay precio fijo. Aquí existe el regateo. ¿Cuál es el precio de un producto? Según nos dijo un joyero: “el precio es aquel en el que usted (el comprador) y yo (el vendedor) estemos de acuerdo, aquel en el que ambos estemos satisfechos”. Le compré una cruz bereber.
Sorprende no ver ningún perro por allí. Aquí son animales malditos, animales que dan mala suerte. Sí se ven niños y jóvenes con camisetas del Barça.
¡¡El dentista!!

El dentista
¡¡Y las dentaduras para sus clientes!! ¡¡Estaban expuestas en la calle!!

Las dentaduras
Los artesanos de la madera. ¡¡Aquí no existen las máquinas!!, todo se hace a mano. ¡Mirad los productos elaborados!, sorprendente, ¿no? ¡y lo hace con las manos y con el pie!

Artesano de la madera
Y la curtidoría donde trabajan la piel, la secan, la tiñen y elaboran todo tipo de productos maravillosos: alfombras, cojines, bolsos… En la foto podéis ver los depósitos donde las tiñen de diferentes colores, y podéis imaginar el olor a carne muerta y a productos secantes…

Restos de pieles de animales…

Las pieles secándose.

Pieles secándose
Y el maravilloso resultado final.
